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| Leopldo de Gregorio, marqués de Esquilache, de Giuseppe Bonito. Fuente: Wikipedia |
La semana pasada asistimos a un seminario en la universidad en el que participó el dr. José Luis Villacañas. Analizó el famoso Motín de Esquilache desde una perspectiva filosófica y reflexiva -que según nos contaba le ha provocado "confrontaciones" con los historiadores estudiosos del tema, que discrepan con él-. Dicho suceso tuvo lugar en Madrid en marzo de 1766, durante el reinado de Carlos III. El enfoque que toma para estudiar tal suceso tiene como objetivo manifestar como incluso siglos atrás, la "guerra de la información" era vigente. La conformación y el control de la opinión pública fueron aspectos a tener muy en cuenta en la gestación del motín; no solo centrándose -como hacen los historiadores, expone- en el suceso en sí.
El juego del poder y el contrapoder es algo que trasciende a nuestros días y se pierde en el enmarañado tejido del tiempo. Manuel Castells, en su artículo "Los Medios y la Política", nos traslada una visión de estos conceptos que demuestra que dependen de entre sí hasta el punto de amoldarse uno sobre el otro para mantener su lugar y provocar cambios o puntos de inflexión en momentos clave de la historia. Lo que ocurrió exactamente, como nos traslada Villacañas, en el Motín de Esquilache.
La carencia azotaba el país, la subida de precios de víveres de primera necesidad empobrecía a la clase más humilde de la sociedad haciendo que en el populacho, hastiado, germinara un contrapoder a Carlos III, su séquito -los consejos y el propio Esquilache en Madrid- y, por supuesto, la Iglesia. Agentes que por entonces consolidaban lo que era el poder. Pero Villacañas nos expone que tal contrapoder no se generó en la plebe por sí misma. De hecho, nunca fue constituyente. Hizo falta que uno de los agentes del poder participara del incipiente contrapoder: la Iglesia. El control de ella mantuvo operativa a la plebe e hizo que tuviera lugar este "golpe de Estado" -en palabras del doctor-, "los poderes indirectos por una vez se tornan directos".
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| Un episodio del Motín de Esquilache, de José Martí y Monsó. Fuente: Wikipedia |
De este modo, la propia nobleza aprovecha el alzamiento para moldear a los insurrectos a su antojo, de manera que salieran bien parados y culminaran sus intereses. Es decir, mantener un régimen conservador en el que persista en su seno buena parte del poder, gracias a la acción inconsciente del vulgo. Aquí tenemos la evidencia de un uso de la información como arma política para salir airosos mediante la manipulación. "Vamos a hacer creer que estáis cambiando las cosas, pero para que se produzca necesitamos estar aquí" -palabras de Villacañas refiriéndose a como los nobles actuaban concienzudamente.
Surge curiosamente así el concepto de "nación". Los alzamientos los llevaron a cabo "defensores de la patria", como se hicieron llamar. Tal fue el éxito de la manipulación de la plática de los sublevados por el yugo aristocrático. Esquilache, en Madrid, era culpable de lo que le ocurría al pueblo y por tanto un "villano" que había que derrocar. Ocurrió una revolución para que todo siguiera igual o, en todo caso, se dieran pasos atrás -hacia el más puro Antiguo Régimen- con respecto a otros estados donde ya se gestaba un potencial ambiente de cambio trascendental en el que el vulgo jugó un papel, de igual manera muy importante, con esta manipulación por parte de los poderes indirectos que se tornan contrapoder a un nivel que hará que el modelo de Estado cambie completamente: la Revolución Francesa.
En conclusión, vemos como la metodología del poder no varía en mucho con el paso de los años. Hoy en día el peso que han cobrado los medios, la información y el concepto de opinión pública hacen que el poder ahora trate siempre de tenerlos bajo su control o, en su defecto -pues cada vez lo tiene más difícil-, vigilarlos de manera exhaustiva.


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